Estándares de calidad en atención temprana en España
- Fechas:
- oct 2022 a dic 2022
- Cliente:
- proyecto desarrollado con KSNET para el Real Patronato sobre Discapacidad
- Mi contribución:
- qualitative research, qualitative synthesis, insight development, journey mapping
- Ámbito:
- innovación pública, primera infancia, discapacidad, evaluación de servicios públicos, calidad asistencial
Resumen ejecutivo
Este proyecto formó parte de un estudio estatal sobre el funcionamiento y los estándares de calidad en los servicios de atención temprana en España. La investigación combinó más de 1.000 encuestas a profesionales, más de 1.800 a familias usuarias y una capa cualitativa de entrevistas grupales con 15 perfiles profesionales y 10 familias.

Mi aportación se concentró en la capa experiencial del servicio: entender cómo viven las familias el acceso, la valoración, la intervención y el alta, identificar qué fricciones estructurales aparecen a lo largo del recorrido y traducir esos hallazgos a artefactos de service design útiles para lectura y decisión.
El proyecto buscaba comprender cómo opera el sistema en la práctica y qué cambios podrían contribuir a una atención más equitativa, coordinada y centrada en infancia y familias.
El reto consistía en hacer legible un sistema fragmentado
La atención temprana –el conjunto de servicios orientados a apoyar el desarrollo infantil de 0 a 6 años– en España presenta fuertes diferencias territoriales en criterios de acceso, intensidad del apoyo, coordinación entre actores y continuidad tras el alta.
Sobre el papel, el servicio puede parecer una secuencia ordenada de derivación, valoración e intervención. En la vivencia real de las familias, sin embargo, aparece como un recorrido mucho menos lineal: incertidumbre, necesidad de validación, trámites difíciles de entender, dependencia de terceros y, con frecuencia, recurso al ámbito privado para abrir las puertas de lo público o complementar su intervención.
Mi trabajo fue traducir investigación cualitativa en lectura sistémica
Como Service Designer & Researcher, mi foco estuvo en la investigación cualitativa con familias y profesionales, la identificación de patrones de experiencia y de funcionamiento del servicio, la qualitative synthesis e insight development, y la traducción de hallazgos a artefactos visuales de diseño de servicio.
Una parte importante de mi trabajo consistió en conectar relatos individuales con problemas sistémicos. No se trataba solo de recoger testimonios, sino de detectar qué tensiones se repetían, dónde se concentraban las fricciones y cómo representarlas de forma útil para el proyecto.
Cómo estructuré la investigación para no perder la experiencia real del servicio
Para reconstruir la experiencia de las familias sin simplificarla, organicé la investigación en torno a tres decisiones de encuadre. La primera fue ampliar el punto de inicio del recorrido para incluir todo lo que ocurre antes del acceso formal al servicio. La segunda fue contrastar la experiencia de las familias con la perspectiva profesional para distinguir mejor entre vivencia usuaria y condicionantes del sistema. La tercera fue representar por separado las dos principales vías de entrada, porque no producen el mismo tipo de recorrido ni el mismo desgaste.
1. Reencuadré el punto de inicio del recorrido
La primera constatación importante fue que el viaje de las familias no empieza cuando acceden formalmente al servicio. Empieza antes, cuando aparece una inquietud.
Ese hallazgo cambió la estructura de la síntesis. Si el recorrido empezaba en la solicitud de atención, dejaba fuera una parte decisiva de la experiencia: la sospecha inicial, la búsqueda de orientación, la necesidad de que alguien valide la preocupación y el desgaste previo a la entrada efectiva en el circuito.
2. Crucé experiencia usuaria y mirada profesional
Trabajé con dos perspectivas complementarias: la de las familias, que permitía entender la experiencia vivida del recorrido, y la de los y las profesionales, que ayudaba a interpretar límites del servicio, criterios de acceso, tensiones operativas y puntos de fricción entre actores.
3. Convertí una diferencia de acceso en una decisión de representación
Uno de los hallazgos más claros fue que no todas las familias entran en el sistema del mismo modo. Todo depende de si la sospecha nace dentro del entorno familiar la alerta la detecta antes un profesional del sistema público.
Decidí convertir esa diferencia en parte central del journey. No era un matiz menor: ambas puertas de entrada generan recorridos iniciales distintos, con diferente nivel de legitimidad, desgaste y capacidad de activar apoyos. Representarlas por separado ayudaba a explicar mejor por qué una misma red de servicios puede vivirse de maneras tan diferentes.
Diagrama del recorrido de las familias en atención temprana
Desarrollé un mapa del recorrido asistencial para visualizar cómo se articula el sistema: detección, orientación, derivación, solicitud, acogida, intervención, revisión y salida. La pieza ayudó a hacer visible que la experiencia no depende de un único servicio, sino de la coordinación —o falta de ella— entre múltiples actores y momentos de decisión, una complejidad que se vuelve especialmente determinante cuando es un miembro de la familia quien percibe, antes que ningún profesional, que algo en el desarrollo del niño/a no va como debiera.

User journey de familias
Construí un user journey que distingue las dos puertas de entrada —sospecha familiar y sospecha profesional— y organiza la experiencia en cuatro fases: sospecha y búsqueda de orientación, derivación y valoración, acogida e intervención, y transición y alta.
En cada fase sinteticé objetivos y acciones de las familias, experiencia subjetiva, barreras y facilitadores, y oportunidades de mejora.

La investigación hizo visibles cinco tensiones estructurales del servicio
1. Las dos puertas de entrada no producen la misma experiencia
Cuando la sospecha nace en la familia, el acceso suele ser más largo y costoso. La familia observa, compara, pregunta e insiste antes de que la preocupación sea validada. Cuando la alerta parte de un profesional, la entrada suele estar más legitimada desde el inicio y el circuito se activa de forma más directa.
2. El acceso mezcla alivio y sobrecarga
El reconocimiento del problema suele vivirse como alivio, porque pone nombre a una inquietud que ya existía. Pero ese alivio convive con otra experiencia muy consistente: carga administrativa, criterios poco transparentes, exceso de papeleo y sensación de estar gestionando demasiado en un momento de gran vulnerabilidad.
3. Lo privado aparece como mecanismo compensatorio
Una parte importante de las familias recurre al ámbito privado para acelerar valoraciones, confirmar sospechas o iniciar apoyos mientras espera. Esto introduce una desigualdad estructural clara: quien puede pagar gana tiempo y margen de acción; quien no, depende casi por completo del ritmo del circuito público.
4. El vínculo profesional sostiene la experiencia una vez dentro
Una vez dentro de atención temprana, la percepción del servicio mejora significativamente. Las familias tienden a valorar muy positivamente a los y las profesionales, la relación de confianza y la sensación de ser por fin comprendidas.
5. El alta se vive como pérdida de continuidad
La salida de atención temprana no suele percibirse como un cierre limpio. En muchos casos se anticipa con ansiedad, por miedo a perder apoyos, a enfrentarse a nuevos recursos sin acompañamiento suficiente o a que el sistema considere resuelto algo que la familia sigue viviendo como necesidad abierta.
Lo que este proyecto afianzó en mi práctica: investigar también a quienes se quedan fuera del servicio
Este proyecto reforzó en mí una idea que hoy considero clave en investigación de servicios: para entender de verdad un servicio no basta con escuchar a sus usuarios y usuarias. Es imprescindible incluir a quienes intentaron acceder y se quedaron fuera. Creo que es una mirada esencial para detectar puntos de apalancamiento que permitan pasar de optimizar un servicio a transformarlo.